Una curiosa epidemia tuvo lugar a mediados del Siglo XVII que afectaba solamente a las mujeres, especialmente a las jóvenes y bellas: El “Mal de Amor”…

 

 

Al parecer, los tratamientos habituales de la época usados por los médicos no surtían ningún efecto. Las mejores noticias de este mal han llegado hasta nuestros días, a través de las obras de los más famosos pintores de la época, especialmente de Holanda y Flandes, donde al parecer atacó este mal con la mayor intensidad.

La escuela de Frans Hals y de Rembrandt, formada por Gerard Dow, Van Hoogstraten, Metzu,Van Mieris, Netscher, Ten Borch, Juan Stegu y otros fueron los que más se dedicaron a reflejar en sus telas el aspecto físico y psíquico de aquellas jóvenes enfermas

Los cuadros de Jan Steen recogen en imágenes la sintomatología polimorfa, variada, pero siempre constante de esta enfermedad, el mal de amor. Languidez, tristeza, ganas frecuentes de llorar, palidez del semblante y de los labios, dolores de cabeza, desgana de hacer nada excepto pasarse el tiempo tendida en un diván, un lecho o una butaca con almohadas en posiciones que variaban desde recostar la cabeza a cambiar de postura continuamente.

El “mal de amor” existe y ha existido en todo tiempo y en todos los países. El mal es físico y psíquico. A la inapetencia por los alimentos se añadía una desgana por la vida. A la enferma le faltaba la alegría de vivir, de cantar, de trajinar en la casa, de hacer y emprender cualquier tarea por pequeña que fuese. La paciente se dejaba morir poco a poco.

Hay una obra muy curiosa escrita por el Dr. Grasset. Se trata de la biografía de un famoso médico de Montpellier, que vivió en el siglo XVIII, llamado Boissier de Sauvages. La obra se titula “Le médecin de l’amour au temps de Marivaux”(Etudes sur Boissier de Sauvages, d’après des documents inédits”, Paris, Masson, 1896.

Dicho esto y de manera general, tanto hombres como mujeres, podrían preguntarse. ¿Pero y la  la química del amor existe? Los enamorados “sienten” mariposas en el estómago, su pulso se acelera con sólo oír la voz de la persona amada y la temperatura de su cuerpo se eleva como si se tratara de una fiebre.

El amor es una experiencia agotadora. Nos sumergimos eufóricamente en esa deliciosa tortura y no comemos ni dormimos bien. Con frecuencia nos es difícil mantener la concentración.

De hecho, muchos psiquiatras expertos en la materia piensan que las personas “enfermas de amor” están realmente enfermas, o lo que es lo mismo, sufren de un trastorno obsesivo compulsivo.

¿Existe un límite de tiempo para que los hombres y mujeres sientan esa necesidad imperiosa de dejarse llevar por la pasión? Según un estudio realizado por los expertos, la respuesta es afirmativa. Los seres humanos nos encontramos biológicamente programados para sentirnos apasionados entre 18 y 30 meses. Tras efectuar unas 5.000 entrevistas de 37 culturas diferentes, los expertos descubrieron que el amor posee un “tiempo de vida” lo suficientemente largo para que la pareja se conozca, copule y tenga un niño.

Diversos estudios han concluido que se puede incluso hacer un cuadro con las diversas manifestaciones y etapas del amor y sus relaciones con diferentes sustancias químicas en el cuerpo. De esta manera, la lujuria y el deseo ardiente de sexo están unidas a la testosterona; la atracción y el amor en la etapa de euforia, así como el sentirse involucrado emocionalmente con altos niveles de dopamina y norepinefrina y bajos niveles de serotonina; y el vínculo y la atracción que evolucionan hacia una relación calmada, duradera y segura con la oxitocina y la vasopresina.

Uno de los últimos experimentos, concretamente el realizado por un experto, ha demostrado que el amor afecta también al cerebro. El equipo de expertos empleó la resonancia magnética para medir la actividad cerebral de 17 estudiantes (hombres y mujeres) que aseguraban estar completamente enamorados. Los médicos comprobaron la certeza de esta condición a través de cuestionarios y pruebas psicotécnicas.

Todas estas zonas están ubicadas en la sustancia gris, que es la parte del encéfalo compuesto principalmente por los cuerpos celulares de las neuronas. Además, están muy próximas a las zonas relacionadas con la atracción sexual. Hasta este momento, el amor era un sentimiento que no había sido evaluado científicamente con medios técnicos tan sofisticados.


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