Si le dijera que su pensamiento descontrolado altera su estado de salud generando enfermedades en su organismo. ¿Qué opinaría?.

 

 

Veamos un ejemplo práctico. Supongamos que debido a que nuestra mente no está aquietada comienza a pensar, imaginar o revivir momentos que contrarian nuestro estado emocional (situaciones, discusiones, peleas, miedos, ansiedad, enojo, rabia, etc.).

Estas emociones liberan adrenalina en su torrente sanguíneo. La adrenalina disminuye el diámetro interno de los vasos, haciendo que el corazón necesariamente tenga que aumentar su intensidad de trabajo para poder mantener su organismo funcionando. El aumento del trabajo del corazón sumado a la disminución del diámetro de los vasos sanguíneos genera un aumento de la presión arterial (sus arterias y venas tienen que soportar un mayor estrés debido a que hay sangre entrando a mayor presión).

Para atender este aumento de actividad en el corazón, el hígado libera azúcar (glucosa que se utiliza como combustible para mantener en funcionamiento este organismo que ha aumentado sus requerimientos por estar con un corazón trabajando intensamente ). Para combatir este brusco aumento de azúcar (hiperglicemia), el páncreas se ve obligado a liberar una mayor cantidad de insulina (sustancia que disminuye el azúcar en la sangre).

La insulina liberada apresuradamente disminuye los niveles de azúcar pasándose por debajo de los niveles normales, ocasionando ahora una baja de azúcar (hipoglicemia) si sumamos el efecto de la adrenalina en la sangre  a la caída de azúcar los signos y  síntomas serían: Visión borrosa, latidos cardíacos rápidos y fuertes, irritabilidad, agresividad, nerviosismo, dolor de cabeza,  temblores, insomnio, sudoración, hormigueos, entumecimiento de la piel, cansancio y debilidad. Es decir, todos aquellos malestares físicos que usted y yo sufrimos cuando estamos contrariados.

Imagine que su pensamiento está descontrolado la mayor parte del tiempo y que usted ni siquiera se da cuenta ya de lo nublado que vive por estar constantemente bajo el padecimiento de estos síntomas. Es esta la cotidianidad de muchos que viven inconscientes de sus propias emociones y desconectados de sus propios cuerpos. Volviendo al ejemplo anterior, todo este intento de normalización del balance interno ocurre siempre y cuando el páncreas e hígado funcionen efectivamente a pesar de nuestros dudosos hábitos cotidianos de alimentación y estilo de vida en general. Ya que en caso contrario (cuando el cuerpo no es capaz de enmendar la alteración orgánica que está cursando) puede acabar en: desmayos, convulsiones e incluso llegar a caer en un posterior estado de coma.

Por otra parte, si no es el hígado o páncreas los que fallan sino que algún otro órgano o sistema en su organismo, como por ejemplo:

Su corazón, el cual ya demasiado agotado por sus pensamientos descontrolados no siendo capaz de soportar el aumento de trabajo que se le requiere, podría generar arritmias (alteración de la sincronía de los latidos) o incluso paro total de su vital actividad (paro cardíaco). Sumado a que no sólo el corazón sino que para que toda la regularización se lleve a cabo las vías sanguíneas deben estar a su vez en buenas condiciones, de no ser así el rompimiento de vasos o taponamiento (por exceso de grasa en estos) puede generar infartos y derrames en diversos órganos que incluyen el propio corazón y su preciado y descontrolado cerebro… ¿Paradójico no?

De este modo podemos comprender que muchas de las enfermedades que padecemos (acaso no todas) se originan cuando no estamos conscientes de nuestras mentes desbocadas, cuando no somos conscientes de nuestros propios pensamientos y actividades cerebrales. El no estar consciente genera estados prolongados de ansiedad, miedo, enojos, rabia y tristezas. Lo que genera cambios estructurales, desgaste de órganos y sistemas que pueden decantar en enfermedades crónicas y fallas orgánicas. Efectos palpables y muy reales en nuestro cuerpo físico. Caro precio que pagar a causa de una mente que permanece constantemente a la deriva.

Se hace evidente la necesidad de escuchar al cuerpo que grita en su propio lenguaje de lo que carece y adolece nuestro ser interno.

Hay que pausar y tal como cuando el contenido de una botella está revuelto cuando esta es agitada, así se encuentra la mente de quien no se detiene a escucharse y conocer las causas de su ansiedad.Hay que detenerse para que el contenido decante dando espacio para poder observar y diferenciar las capas de la propia sustancia dentro de nuestra forma, es decir, de nuestro ser dentro de nuestro cuerpo.


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