Antes de que dos dados abandonen la mano del jugador ya está determinada la posición en que van a caer.

 

 

Podríamos decir que los dados lo saben, pero nosotros no. Entonces, ¿cabe hablar de sucesos aleatorios o es mejor hacerlo de sucesos aleatorios para el ser humano?.

Todo final tiene un principio y toda consecuencia tiene su causa correspondiente y única. Por tanto, la casualidad en sí misma no es más que una demostración de nuestra incapacidad para relacionar causas y consecuencias.

En la búsqueda de esas causas se afana la superstición con mejor o peor acierto.

Todos los eventos tienen una explicación lógica, una causa que le da origen. El azar aglutina todos los sucesos cuyo origen nos es imposible de predecir, pero ello no implica que no tenga una causa lógica.

Para aumentar la frecuencia de aparición de un fenómeno arbitrario para nosotros, lo mejor que podemos hacer es concentrar nuestro pensamiento en el resultado final, pues sólo así tendremos algún grado de control sobre su resultado. Imaginar una consecuencia es la mejor forma de inducir las causas que la originan.

Tal vez no podamos colocar los dados en nuestra mano de forma consciente para que caigan en una determinada posición, pero sí podremos imaginar que caen en esa posición, y tal vez veamos que empiezan a aparecer los resultados deseados.

 

Categorías: Azar

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