Es una pregunta que aún al día de hoy no se ha obtenido una explicación o razonamiento muy claro.

 

 

Está comprobado científicamente que el cuerpo antes de morir pesa una cantidad y después de la muerte ha perdido 21 gr.

La búsqueda del alma y la demostración de su existencia mediante experiencias físicas ha sido una constante durante toda la historia de la ciencia. Muchos científicos a lo largo de la historia han intentado realizar diferentes pruebas que probaran o no su existencia. En el día de hoy les presentamos un breve repaso por estas expriencias para saber si existe y cuánto pesa el alma.

Primeros experimentos

Ya Leonardo da Vinci trató de encontrar su situación diseccionando un cerebro en 1515 basándose en la creencia de la época de que el alma estaba situado en el centro de la cabeza, lo que provocó que fuese denunciado como hechicero.

El experimentador Duncan MacDougall trató de poner fin al debate sobre la existencia o no del alma a principios del siglo XX mediante un experimento. Según su razonamiento si el alma existía debía ocupar un espacio, debía ser algo material por tanto  y si era algo material probablemente tendría peso.

¿Pero se sabe a qué corresponden esos 21 gramos que perdemos después de exhalar nuestro último aliento?

Según las investigaciones del Doctor Douglas MacDougall y su “teoría del peso del alma” que se remonta a 1927, toda persona pierde 21 gramos en el último minuto de su muerte, lo que según él, equivaldría al alma o espíritu que se ha desligado del cuerpo carnal de la persona. Su teoría fue basada en experimentos con personas moribundas que fueron pesadas minutos antes de morir y en todas habían perdido la misma cantidad, 21 grs.

El Doctor Douglas utilizaba para tal proceso una cama especial muy sensible a las variaciones de peso. Por cierto, dicho artefacto fue construido por él mismo. Este doctor colocó en ella a seis enfermos terminales, y sobre ella los iba observando y pesando durante los últimos momentos de su vida (antes, durante y después). Y el resultado obtenido fue el mismo en todos los casos, todos perdían 21 gramos justo antes de morir.

Además Duncan montó un catre encima de una báscula e instaló encima a un hombre que estaba muriéndose de tuberculosis. Durante las tres horas y cuarenta minutos que tardó en morir perdió peso a razón de una onza por hora (28.3 gramos).

El doctor atribuyó esta pérdida a la evaporación de las mucosas nasofaríngeas, broncopulmonares y bucales que acompaña a la respiración, y también a la evaporación de humedad producida por la evaporación cutánea. De repente, en el momento de la muerte, se produjo un brusco cambio de peso de tres cuartos de onza  (21,225 g).

Incluso experimentó con perros pero no obtuvo el mismo resultado de los 21 gramos. Según la teoría de varios filósofos griegos, solo los humanos poseemos alma, por la capacidad de soñar. Algo, por otra parte, también discutible.

Hay otros científicos que aseguran que esos 21 gramos se deben a que la persona, una vez que ha fallecido, ha exhalado todo el aire que tenia dentro (otros dicen que es a causa de la relajación de los esfínteres). Pero está totalmente descartada ésta teoría, ya que los gases no pesan tanto.

Y sí esto fuese cierto, ¿A dónde irá nuestra alma? ¿Existirá realmente la reencarnación?… Son tantas preguntas y tan pocas respuestas. Al final siempre nos quedaremos con esa gran duda… ¿Tenemos alma? 

Categorías: Alma

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