Si el inicio de la adolescencia es fácilmente detectable, ya que a menudo se caracteriza por los cambios físicos de la pubertad, es más difícil responder a la pregunta “¿Cuando Acaba?”

Cronológicamente, la adolescencia se puede colocar más o menos entre los 11 y los 18 años, aunque solemos escuchar la frase de: “sabemos cuándo empieza la adolescencia, pero no sabemos cuándo termina… ” .

En la cultura occidental en general, la adolescencia termina con el ingreso en la edad adulta, es decir, con la inserción en la vida social a través del trabajo y/o el matrimonio. Sin embargo, en las últimas décadas, con el alargamiento de la escolarización y con la entrada, cada vez más tarde, en la vida profesional y conyugal, se ha producido una ampliación de esta etapa de desarrollo.

P. Jeammet conocido psicoanalista francés entiende que la adolescencia termina cuando el chico o la chica ha desarrollado una actividad de reflexión suficiente y posee la capacidad de ser independiente, esto es, cuando ha adquirido las habilidades y herramientas necesarias para asumir en primera persona las responsabilidades de un adulto.

El trabajo de integración entre lo que deriva de la infancia y las nuevas habilidades adquiridas es fundamental. De hecho, ser un adulto no significa reprimir las necesidades de los niños, sino aceptarlas sin ser abrumado (Jeammet). El cambio psicológico no es tan rápido, como sí lo son los cambios del cuerpo, propios de la pubertad, ya que implica un largo período de tiempo para que se modifiquen e integren las representaciones que el chico o la chica tienen de sí mismos.

El concepto de auto-representación es importante para entender la adolescencia ya que durante este tiempo el chico o la chica está en contacto con representaciones del yo inestables y contradictorias. En su mundo interior se contrastan las imágenes de un yo necesitado y dependiente, a las imágenes de un yo independiente y poderoso. La auto-representación es la forma en la que una persona se percibe a sí misma, consciente e inconscientemente. Está compuesta de varias imágenes vinculadas con distintos momentos de nuestra vida, que coexisten de una manera más o menos integrada. Estas imágenes a veces pueden ser muy diferentes entre ellas.

La representación del yo (de uno mismo) es el esquema que guía nuestras experiencias y nuestro comportamiento. Permite una unidad de vivencia  y es la base del sentido de la identidad personal. A lo largo del proceso de desarrollo las representaciones del yo se transforman y se integran en conceptos más o menos realistas.

En la mente de los adolescentes estas representaciones viven una al lado de la otra hasta progresivamente hacerse una prevalente sobre la otra, creando estos cambios repentinos de humor y los modos relacionales típicos de la adolescencia. Por lo tanto, hace falta un tiempo para que el adolescente pueda integrar las diversas imágenes que él tiene de sí mismo en una representación más realista, gracias a las diversas experiencias positivas de su crecimiento, útil para alimentar la autoestima y confianza en sus habilidades.


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